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Ucrania: Un padre y su hijo pagan el precio de la guerra

CHERNÍHIV, Ucrania (AP) — En el pabellón para soldados heridos de un hospital ucraniano, en donde apenas se filtra la luz del día, un padre habla durante horas con su hijo herido. Serhii Shumei, de 64 años, nunca regañó a Vitalii por elegir ir a la guerra. Incluso ahora, pese al daño al cerebro de su hijo por un proyectil de artillería que explotó, Serhii siente orgullo, no lástima.

“En los últimos cinco meses he estado con él constantemente, a su lado, a su lado, a su lado”, dice Serhii, él mismo un soldado jubilado. “No voy a ir a ninguna parte… salvo a fumar”.

Vitalii, de 34 años y comandante de misiles antiaéreos de largo alcance, resultó herido en la región del Donbás, en el este de Ucrania, que se ha convertido en un sinónimo de pérdidas espeluznantes en los combates en curso para Ucrania y para Rusia. No se sabe qué tan letales, porque ningún bando lo ha revelado. Sin embargo, a juzgar por el flujo de soldados heridos que salen del frente y llegan a los hospitales como este en donde yace Vitalii, es evidente que los costos son severos.

Ambos bandos han enviado abundantes soldados y recursos para capturar o defender los bastiones del Donbás, peleando durante meses de combates agobiantes y desgastantes hasta llegar a lo que se ha convertido en un sangriento punto muerto. Luego de que el presidente ruso Vladimir Putin ha sufrido reveses en otros puntos de Ucrania en su invasión iniciada hace casi 11 meses, Rusia está buscando una especie de éxito enfocado en el Donbás, incluso si ello sólo significa hacerse del control de una o dos aldeas reducidas a escombros. Kiev quiere que los avances de Moscú sean lo más costosos posibles.

A consecuencia de ello, las ciudades de Bajmut y Soledar en el Donbás se han convertido en paisajes infernales. El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy dijo que estaban “completamente destruidas”, sembradas de cadáveres y cráteres, y casi “sin vida”.

“Así se ve la locura”, dice Zelenskyy.

Vitalii resultó herido el 25 de agosto en otra sección del frente del Donbás, en la ciudad de Avdíivka, a unos 70 kilómetros (45 millas) al sur de Bajmut. El proyectil que cayó en su trinchera hizo detonar otros explosivos. El estallido provocó un cráter en el cráneo de Vitalii que es tan profundo y amplio como medio melón. Sus lesiones cerebrales fueron tan graves que los médicos dudaron de que volvería a mostrar señales de consciencia.

Ahora, a veces Vitalii parece consciente de su entorno. Parpadea. Puede tragar. Pero en general está inmóvil.

Serhii se niega a perder la fe en su hijo.

“Estamos viendo algo de progreso; poniéndonos de pie de nuevo. Esa es mi opinión”, asegura.

Pasa horas al lado de la cama de Vitalii, le comparte noticias del campo de batalla, le recita fragmentos de libros y le lee mensajes de apoyo.

Los envían ucranianos agradecidos que animan a Vitalii: “¡Aférrate a la vida! ¡Te necesitamos realmente!”, y también le dicen: “¡Eres fuerte! ¡Saldrás de esta!”

Serhii cuenta que cuando se los lee a Vitalii, éste derrama lágrimas. A finales de diciembre hubo otros indicios de mejoría, cuando el oficial empezó a mover los dedos de los pies, cuenta Serhii. Vitalii también ha empezado a fruncir el ceño, algo que Serhii considera que significa que a su hijo le interesa lo que le lee.

Y recientemente, dice Serhii, Vitalii tuvo otro avance: Dio respuestas audibles.

“He empezado a preguntarle: ’¿Sabes quién soy? Y respondió: ‘Papá’”.

Otra visitante frecuente de Vitalii es Iryna Timofeyeva, voluntaria cuya idea fue recolectar mensajes de apoyo.

“Con mucha frecuencia, el amor de la familia, la atención de otras personas, ayuda a las dinámicas positivas del paciente”, dice. “Es muy importante para el herido que no esté solo. De esa forma entiende que debe luchar”.

Por ahora, Vitalii está solo en este pabellón, pues otros pacientes fueron transferidos a otras partes para recibir rehabilitación. Pero es improbable que las camas a su alrededor se queden vacías mucho tiempo, dada la intensidad de los combates en el Donbás. El hospital de Vitalii en Cherníhiv, al norte de la capital Kiev, está entre aquellos en donde los soldados reciben cuidado a largo plazo después de que sus heridas han sido estabilizadas más cerca de los frentes.

Serhii siente que cuidar a su hijo es su contribución a su país en la guerra.

“Lo voy a ayudar a recuperarse. Es mi sueño”, asegura.

Se inclina al oído de su hijo y le pregunta: “Ucrania ganará, ganaremos, ¿verdad?”

La respuesta es el silencio.

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Efrem Lukatsky en Cherníhiv y John Leicester en París contribuyeron a este reportaje.

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