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Pocos regresan a campo palestino en Siria, tras guerra

BEIRUT (AP) — El mayor campo de refugiados palestinos en Siria estuvo en su día repleto de actividad: Estaba atestado de minibuses y lleno de tiendas que vendían falafel, shawarma y knafeh nabulsieh, una mezcla dulce de queso y masa de hojaldre.

Los niños jugaban al fútbol y blandían pistolas de plástico hasta que llegaron hombres con armas de verdad: en 2011, cuando Siria cayó en una guerra civil. Durante la última década, los combates devastaron comunidades de todo el país, incluido el campo de Yarmouk, en las afueras de la capital, Damasco.

En la actualidad, las calles de Yarmouk están apiladas todavía con escombros. Banderas palestinas dispersas ondean en las casas, en su mayoría abandonadas: el único recordatorio de que este fue una vez un importante centro político y cultural de la diáspora de los refugiados palestinos.

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Hace dos años, las autoridades sirias comenzaron a permitir que regresaran aquellos antiguos residentes de Yarmouk que pudieran demostrar que eran dueños de una vivienda y pasar un control de seguridad.

Sin embargo, pocos han regresado hasta ahora. Muchos otros han sido disuadidos por miedo a ser detenidos o reclutados por la fuerza. Otros ya no tienen casas a las cuales volver. Aun así, ahora que los combates han disminuido en gran parte de Siria, algunos quieren ver lo que queda de sus hogares.

A principios de este mes, el gobierno abrió Yarmouk para una rara visita a los periodistas, a fin de subrayar su campaña a favor de que regresen los antiguos residentes de Yarmouk. La ocasión: el lanzamiento de un nuevo centro comunitario, construido por una organización no gubernamental.

Uno de quienes retornó fue Mohamed Youssef Jamil. Originario de la aldea palestina de Lubya, al oeste de la ciudad de Tiberíades en el actual Israel, había vivido en Yarmouk desde 1960. Crio a tres hijos en el campo, antes de que estallara la guerra de Siria.

El hombre de 80 años regresó hace un año y medio, con la aprobación del gobierno para reparar su casa dañada. De las 30 o 40 familias que vivían en su calle, ahora son cuatro. Muchos inmuebles que no fueron arrasados por las bombas fueron saqueados, despojados de ventanas, cableado eléctrico e incluso grifos.

“Me he quedado aquí para protegerla de los ladrones”, afirmó sobre su casa.

Cerca de allí, la mitad derecha de la casa de Mohamed Taher se derrumbó, pero él está reparando la mitad que sigue en pie. “No hay electricidad”, afirmó el hombre de 55 años, aunque en algunas partes del campo hay agua y el sistema de alcantarillado funciona.

Yarmouk se construyó en 1957 como un campo de refugiados palestinos, pero se convirtió en un vibrante suburbio que también atrajo a sirios de clase trabajadora. Antes de que el levantamiento de 2011 se convirtiera en guerra civil, unos 1,2 millones de personas vivían en Yarmouk, incluidos 160.000 palestinos, según la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, o UNRWA, por sus siglas en inglés.

Hasta junio, unas 4.000 personas habían regresado a Yarmouk, informó la UNRWA, mientras que otras 8.000 familias recibieron permiso para regresar durante el verano.

Los retornados luchan con una “falta de servicios básicos, transporte limitado e infraestructura pública en gran parte destruida”, advirtió la UNRWA. Algunos viven en casas sin puertas ni ventanas.

La agencia de la ONU agregó que los retornos a Yarmouk aumentaron, en parte, porque el campo ofrecía alojamiento gratuito. En una conferencia de prensa reciente, el jefe de la UNRWA, Philippe Lazzarini, informó que un número cada vez mayor de refugiados palestinos en Siria “básicamente están volviendo a los escombros sólo porque ya no pueden permitirse vivir donde estaban”.

Anteriormente, las facciones palestinas en Siria tenían a veces una mala relación con las autoridades sirias. El expresidente sirio Hafez Assad y el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yaser Arafat, eran adversarios acérrimos.

Sin embargo, los refugiados palestinos vivían en una comodidad relativa en Siria, con mayores derechos socioeconómicos y civiles que los del vecino Líbano.

Las facciones palestinas en Yarmouk trataron de mantenerse neutrales cuando estalló la guerra civil en Siria, pero a finales de 2012, el campo se vio arrastrado por el conflicto y diferentes facciones tomaron bandos opuestos en la guerra.

El grupo miliciano Hamas secundó a la oposición siria, mientras que otros, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General, lucharon junto al gobierno sirio.

En 2013, Yarmouk se convirtió en el objetivo de un asedio devastador por parte de las fuerzas gubernamentales. En 2015, fue tomado por el grupo extremista Estado Islámico. Una ofensiva del gobierno retomó el campo en 2018, expulsando a los habitantes restantes.

Sari Hanafi, profesora de Sociología en la American University de Beirut y quien creció en Yarmouk, manifestó que quienes regresan lo hacen por “absoluta necesidad”.

“Los otros no regresan porque es un lugar inhabitable”, agregó.

Un joven de Yarmouk que ahora vive en un campo de refugiados palestinos en Líbano está de acuerdo. Con el gobierno del presidente sirio Bashar Assad todavía firmemente en su lugar, dijo que si llegaba a regresar, “siempre viviría con ansiedad y sin seguridad”.

“Alguien que regresa al campo, o a Siria en general, ya no piensa: ‘¿Cuánta libertad tendré?’. Está pensando: ‘Sólo quiero una casa para vivir’”, añadió, hablando con la condición del no ser identificado, temiendo por la seguridad de sus familiares en Siria.

Durante la inauguración del centro comunitario, el alcalde de Damasco, Mohamed Tarek Kreishati, prometió limpiar los escombros y restaurar los servicios y el transporte público, pero hay un largo camino por recorrer para convencer a la gente de que regrese, expuso Mahmoud Zaghmout, del Grupo de Acción para los Palestinos de Siria, con sede en Londres, alineado con la oposición siria.

Yarmouk carece de “hospitales, panaderías, centros de distribución de gas y artículos básicos y alimentos”, mencionó Zaghmout.

Hay quienes esperan que Yarmouk recupere su gloria pasada, como Suheil Natour, investigador libanés y miembro del izquierdista Frente Democrático para la Liberación de Palestina.

Destacó un campo de refugiados palestinos en Líbano, Ein el-Hilweh, que fue arrasado por las fuerzas israelíes en 1982 y que posteriormente fue reconstruido. Yarmouk también puede ser “un día un símbolo muy floreciente del renacimiento de los refugiados palestinos”, apuntó.

Otros son escépticos. Samih Mahmoud, de 24 años, que creció en Yarmouk pero que ahora vive en Líbano, explicó que no queda mucho del lugar que recordaba.

Argumentó que él no está apegado a las construcciones ni a las calles de Yarmouk. “Estoy apegado a la gente, a la comida, a la atmósfera del campo”, agregó. “Y todo eso se ha ido”.

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Los periodistas de The Associated Press Albert Aji en Damasco, Siria, y Omar Akour en Amán, Jordania, contribuyeron para este reportaje

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