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(Opinión) La dictadura de la sexualidad

Por: Verónica Klingenberger

El Perú ha excluido las agresiones a ciudadanos LGTB de los delitos por discriminación. Fanáticos religiosos e ignorantes supinos, en su mayoría fujimoristas y miembros de Gana Perú, votaron en contra de un proyecto de ley que prometía -como lo hizo el partido oficial en algún momento- penalizar la violencia en contra de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Entre los argumentos de algunos de los miembros del Tea Party peruano recuerdo dos: 1) ‘Todos somos iguales ante la ley’. Mmm, not really. 2) ‘La defensa de los derechos humanos no se da sobre la base de la atracción sexual’. Quizás no me haya enterado, pero ¿existe la heterofobia? ¿Corren los heterosexuales algún tipo de peligro de agresión por ser… heterosexuales? Por lo menos 12 homosexuales fueron asesinados en un año. Las víctimas fueron encontradas maniatadas, asfixiadas o degolladas. Por eso, congresistas, se crean leyes para proteger a los más débiles.

A la hora del debate, como era de esperarse, la mayoría prefirió el silencio. Pero a la hora de votar demostraron que nuestra clase política es una de las más homofóbicas de América Latina, algo que debería avergonzarnos más que el desplante de Miguel Bosé o la expulsión del hermano de Messi en el Nacional.

Cuando se habla de homofobia hay una pregunta que no puedo dejar de hacerme. ¿Por qué la mayoría de figuras políticas y religiosas que hacen campaña en contra de los derechos homosexuales se ve siempre implicada en encuentros sexuales con personas de su mismo sexo? Una teoría sugiere que la homosexualidad reprimida por miedo o vergüenza puede ser expresada como homofobia. Hoy existen investigaciones científicas que acreditan esa teoría. La información está ahí, disponible para quien la busque.

Lo ocurrido en el Congreso no deja de ser un reflejo de nuestra sociedad. El gran grueso de heterosexuales peruanos prefiere no decir absolutamente nada al respecto y no entiendo bien a qué le temen. ¿Creen que su indignación puede llevar a alguien de su entorno a dudar de su heterosexualidad? O peor, ¿no sienten indignación alguna a pesar de que todos, cada uno de los que está leyendo esta columna hoy, tiene un amigo o familiar gay a quien respetan y quieren ver feliz a pesar del retraso del país en el que les tocó vivir?

La homofobia en el Perú cuenta con instituciones que la promueven y defienden. La iglesia es la más poderosa y, a pesar de contar con un Estado laico, se impone cada vez más. Toda democracia implica una sexualidad libre, y aunque ni siquiera un concepto tan básico como ese sea comprendido por nuestra clase política, uno espera que los ciudadanos hagamos la diferencia. Así ha ocurrido en la mayoría de países desarrollados. Y así debería ocurrir también en el Perú.

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